LA GULA

´Siento que eso arde en mi estómago y no es poca cosa. Demasiadas veces me he preguntado por qué los caminos del hambre son tan dispares y sinuosos. Y, nosotros, nos adaptamos a movimientos de otros con la peligrosa certeza de que ellos son quienes configuran de antemano nuestro destino. Confrontamos el insoportable imperativo social de tener que tomar una decisión a veces sin siquiera haber transitado la experiencia y admitiendo que ellos harán conforme a lo que dictamine el destino escrito quien sabe dónde. ¿No es acaso esta otra de las formas que tiene la locura con el fin de dibujar en la tierra la idea del Amor?
´A primera vista la otredad se nos presenta tan ajena y desemejante que quisiéramos morir en el intento. Y luego como en un rapto de insania, nos aseguramos de modo arbitrario que sea ese otro quien tenga en su bolsillo las cartas de nuestro destino.  ¿Es acaso hambre lo que siento? Puedo ingerir cualquier bocado de forma voraz sin pensamiento que medie entre aquello  y mi boca. Pienso en escenas, tuyas y mías, y el recuerdo falaz de haber sido quien ya no soy. No es hambre lo que siento. No. Tiene otros tantos nombres que podría sacar de la galera esta misma noche. Me llevo a la boca una masa esponjosa y dulce en nombre del desconsuelo que desvaría esta oscuridad perniciosa. La escena se sostiene quieta, dejando una estela de palabras abandonadas, gestos y miradas que desaparecen en la duda del tiempo.  Descanso en la solitaria compañía teñida de vino y vaciada por el desaliento de falsas presunciones.
´¿Acaso es hambre lo que siento? No. Vivo al margen de los sabores que embellecen al mundo y eso por el desapego que ella ha causado todo el tiempo que nos hemos cruzado. No es poesía lo que escribo, ni es hambre lo que siento. En una vuelta carnero, me levanto con el objetivo claro de escribir otro final. Intento borrar figura sobre fondo, corromper la profecía auto- cumplida. Abro mi boca grande, muerdo la barra de chocolate que ahora nada entre los dientes y mi garganta. Es en ese instante de placer que siento  poder, una superioridad colosal frente al resto de la sociedad.  Los veo chiquitos como adentro de un cuadro diminuto en el interior de una caja. El sólido chocolate deviene en espesas notas cálidas y entonces establezco la esperable analogía con el amor. El amor mutando en colores y estados, en su capacidad vehemente de servir a más de un Dios .

´No es poesía lo que escribo. Ni hambre lo que siento. Cuando ella decidió irse y  arrancar cada parte de mí como cuando se rompe un vidrio y éste estalla en miles de pedazos, mi lengua se secó repentina y pidió a gritos un bocado. No es poesía lo que escribo, ni hambre de solitarias penas que andando a un costado del camino deciden quebrar mi garganta. Son las ansias de pelear la falta sin otra arma que el estómago y la boca. Es  el vaciamiento del desdén que demanda inefable un bocado mágico que dibuje en la boca  otra piel. No es poesía lo que escribo ni hambre lo que siento. Es la gula del amor.


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