LA PEREZA
Me dormí en un segundo inmediato de dolor.
Y ahi nomás, pensé que estaba a salvo El
todo mutó en colores opacos hasta alterar en oscuros y mi visión se nubló.
Cuando ellos pregunten por qué estoy dormido, deciles que vuelo, pienso, siento en un estado paralelo y distinto al de siempre.
Estados que caminan al borde de la rutina.
Me dormí en un segundo, pero ese segundo devino casi eterno,
porque no sé cuándo despertaré. Me sobrepasan las ganas de sentirme fuera de
mí. Algunos legos enmascarados como conocedores, dirán que es la pulsión de
muerte la que me trajo hasta acá, pero vos y yo sabemos que no. Porque no hay
mayor sosiego que el de apagar despiadado las luces que rodean constantemente
los trazos del pensamiento. Entonces yo decido dormir, dormirme. Arrojarme
en cámara lenta sobre un suelo estrellado de bajas probabilidades. Reposo
en la quietud por fuera de toda convención social y de pronto me transformo en
un ser casi extinto.
Sólo respiro en lo más intimo de mi mismo, y me uno a los míos, los verdaderos
que han abandonado la insignificante rutina del insomnio.
Te hablo en sueño de dormidos. Contales a ellos que quizás la existencia no tenga que ver con las
pinceladas del despierto, pues éstas sólo la hacen perdurable. Contales que las pausas y los silencios tanto
en la vida como en la música son más que importantes. Son sustanciales.
No soy yo quien reposa, es mi mundo que perezoso despierta día
a día entre reiteraciones e incesante reincidencia. Soy yo quien hoy decido
dormitar hasta decidir cuándo despertar. Pues es la pereza el pecado de los
frágiles de espíritu siendo mi endeblez la virtud más constante que pueda
conquistar por casi una eternidad. Hasta que yo decida despertar.


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