EL AMARILLO DE LOS CHAIRES
La tinta china tiñe de color
negro verdoso las cortinas del recinto donde los chaires entran de a uno y en
fila. Se acercan al muerto chaire, lo saludan con la cabeza señalando al piso y
cantan un lamento por lo bajo hasta que las làgrimas son mil millones. Làgrimas saladas en sueños de burbujas contra
el techo. Uno de ellos deja caer su cabeza entre medio de sus garras y comienza
en clave de fa el lamento letargo y sinfín de una soledad desdichada. El chaire
anciano mira a los menores, y paràndose sobre una silla, grita fuerte al compàs
y en voz afònica. La fiesta chaire termina porque comienza a vaciarse el
lenguaje después de… Y antes, algùn fonema sin sentido o bien procurar el sentido-colmo del fonema. El dìa muere bajo
el paladar y la noche no es sino una vuelta a la redonda, inventada de a huecos.
La esperanza gotea y la espera de la omega se ha vuelto el Uno. La muerte del
sexo, el punto a las sonoridades del alma y al dibujo del pelo, el tuyo. Los
chaires se toman de las manos y elevan la voz a la nada. En cada ojo chaire,
llueven fantasmas de fatiga, lengua seca. Asoman lagañas gordas y pesadas. La
època de moras pasò, y hace frìo. Los recuerdos de sonrisas violetas pisados y a cada costado,
las chaires mutan a un amarillo de manera rauda y se desgajan de piel, porque
ellas tambièn quieren desaparecer.

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