Informe de las Pasiones
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“Pasión (Πάθος) se dice de las cualidades que puede
alternativamente revestir un ser; como lo blanco y lo negro, lo dulce y lo
amargo, la pesantez y la ligereza, y todas las demás de este género. En otro
sentido es el acto mismo de estas cualidades, el tránsito de la una a la
otra. Pasión, en
este último caso, se dice más bien de las cualidades malas, y sobre todo se
aplica a las tendencias deplorables y perjudiciales.
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En fin, se da el nombre de pasión a una grande y terrible
desgracia.”
Aristóteles, Metafísica, libro V, 21
INTRODUCCIÓN.
Es menester pedirle a
nuestros lectores que se despojen en estas 5 páginas de los conocimientos
inscriptos en ellos, así como las significaciones construidas y junto con ellas
la matriz simbólica que las sostienen, que es dependiente de una sincronía témporo-
espacial que nos continúa y nos habita. Es por eso que considero necesario
valerme de este informe como un medio práctico y hasta mágico-fenoménico para
entender algunas de las pasiones primarias que no sólo nos revelan al sujeto
moderno, sino más aún, al sujeto como dominador de la naturaleza, pero también sujeto
a ella. Y es en el año 1649 que un filósofo, matemático y físico francés
llamado Renatus Cartesius define las pasiones y las recorre analíticamente en
Artículos del “Tratado sobre las pasiones” (París, 1649). En una escena
medieval de pasiones imbricadas en pecados capitales y un método escolástico
que afirmaba a Dios como la fuente última de la verdad, Descartes no sólo nos
presenta la emergente duda sistemática, pulverizando el saber histórico de la
época, sino que nos invoca a pensar al sujeto como sujeto gnoseológico que
conoce, como res-cogitans al encuentro de la res-extensa. Define entonces a las pasiones en el Artículo
27 del Tratado: “ (…)se las puede
definir en general como percepciones, o
sentimientos, o emociones del alma que se refieren particularmente a ella y que
son motivadas, mantenidas y amplificadas por algún movimiento de los
espíritus”. Ya unos años antes había anticipado esto mismo en la
correspondencia intercambiada con la princesa Isabel de Bohemia; en septiembre
de 1645 Descartes le escribe: “Yo no comparto la opinión de que debamos estar
exentos de pasiones; basta con mantenerlas sujetas a la razón. Y cuando se las
ha domesticado de este modo son a veces tanto más útiles cuánto más se inclinen
hacia el exceso”.
PARTE I
“Este odio maldito que
llevo en las venas me amarga la vida como una condena.
El mal que me han hecho es
herida abierta que me inunda el pecho de rabia y de hiel.
La odian mis ojos porque
la miraron,
Mis labios la odian porque
la besaron,
La odio con toda la fuerza
de mi alma
Y es tan fuerte mi odio
como fue mi amor” (“Rencor” – Charlo Amadori)
Descartes en el Tratado de las Pasiones no escribe acerca del
rencor, sino del odio y del amor, conjugados en sus artículos del Tratado de
las Pasiones. Tanto en el Artículo 56 como en el artículo 79, Descartes enuncia
el amor y el odio como dos pasiones primarias opuestas entre sí porque una es
causada por los “espíritus animales” que incitan al alma a unirse de voluntad a
los objetos que parecen serle convenientes. Y el odio es una emoción causada
por los espíritus que incitan al alma a querer separarse de los objetos que se
le presentan como nocivos. No creo contingente el hecho de enunciar ambas
pasiones juntas en ambos artículos. El rencor se nos presenta como una emoción ambigua
donde el amor ha permutado en odio y de algún modo está abordado
colateralmente, porque en el siglo XVII Descartes enuncia el odio y el amor en
un mismo artículo como pasiones que además dependen del cuerpo. Y esta consideración no es realmente muy
distinta del odio de Charlo Amadori , odio que necesita ser emplazado en las
venas, entendiendo la metáfora aquí como un modo cartesiano de dar cuenta del
movimiento de la sangre y de los espíritus que producen la pasión del odio.
Para Descartes, lo que es acción de algo o alguien sobre otro, es sentido por
ese otro como una pasión, entonces en sentido estricto la pasión es una
percepción: “Este
odio (…) me amarga la vida (…)”. Las pasiones preparan
al cuerpo para la acción y lo que es acción en el cuerpo y el mundo se inscribe
como pasión en el alma, siendo su única función la de pensar. En cada uno de
los versos citados de Amadori, podemos pensar y sentir las pasiones. Y digo
pensar y sentir, porque entonces si las pasiones pueden ser escritas, leídas, pensadas
y medidas, entonces pueden ser sentidas. No dudamos que somos res-cogitans
pensante y como tal somos capaces de pensar el odio, el amor, la amargura, la
rabia, porque son pasiones del alma y lo propio del alma es pensar. El odio
asimismo es una pasión causada por los humores del cuerpo (“espíritus
animales”), agitación particular
de los espíritus que provienen del corazón. Entonces “odiar con mi alma” es
odiar con el alma como “sede” de los actos emotivos, de los afectos,
sentimientos; pero éstos son movidos y agitados por el espíritu. Es odiar con la necesaria
existencia de un órgano que es el que comunica al alma con el cuerpo, órgano
ubicado en la parte media del cerebro, llamado glándula, y que está “suspendida
de tal modo” que puede ser movida por los espíritus del cuerpo de maneras muy
sensibles y puede desplegar percepciones tan distintas y sutiles como objetos o
movimientos perciba. Es entonces esta pequeña glándula la que contiene el alma
y que moviliza al cuerpo o al alma misma en un acto de voluntad. Ese rencor
necesita ser explicado por un recorrido que va del corazón a las venas, por las
venas al pecho que se llena de rabia y hiel y del pecho a la glándula del
cerebro. Entonces, podemos pensar una pasión
como el odio, el amor, o en este caso el rencor. Sentimos estas pasiones,
porque podemos pensarlas. Y si podemos pensarlas, entonces podemos analizarlas.
PARTE
II
David Hume en la “Disertación sobre las
Pasiones” afirma que “todo bien o todo mal, aparezca donde aparezca, produce
diversas pasiones y afecciones” y que “ los mismos objetos que se recomiendan a
la razón son los que llamamos pasión cuando son traídos cerca de nosotros y
adquieren (…) congruencia con nuestro temperamento íntimo, provocando (…) una
emoción turbulenta y perceptible (…)la agitación del pensamiento (…)produce una
emoción en la mente y esta emoción se transforma en la pasión dominante.”
Entonces “el mal que me han hecho “ produjo una “herida abierta que me inunda
el pecho de rabia y de hiel” , es decir que la causa de la pasión del odio de
Charlo Amadori es una emoción; y por emoción nos referimos aquí a movimiento al
modo en que lo elucida David Hume: “En lo que respecta a todas estas pasiones,
las causas son aquello que excita la emoción, el objeto aquello a que la mente
dirige su mirada cuando la pasión es excitada” . Es entonces a través de los sentidos que se
inscribe lo real en el sujeto: “La odian mis ojos porque la miraron, mis labios la odian
porque la besaron”. Es decir que desde la escena de David Hume, la impresión de
dolor es primaria y la idea de dolor a modo de reflexión está establecida como
punto de llegada; a la idea se llega, ésta se aprende y se adquiere, esta idea
de dolor es la que siente en estos versos Amadori : “El mal que me han hecho es
herida abierta”.
Hume entiende que “A las
percepciones que penetran con más fuerza y violencia llamamos impresiones, y
comprendemos bajo este nombre todas nuestras sensaciones, pasiones y emociones
tal como hacen su primera aparición en el alma. Por ideas entiendo las imágenes
débiles de éstas en el pensamiento y razonamiento”. Es entonces por la
sensación de dolor, rabia y hiel lo que causa el mal en Charlo Amadori y su
odio es causado por estas sensaciones y percepciones de amargura y herida
abierta. La idea de dolor es una
representación de estas impresiones que se sienten y esta idea de odio es
asociada con la idea de amor: “Y es tan fuerte mi odio como fue mi amor”
La presencia de un mal
para Hume influye en la imaginación y produce una especie de creencia, y esa
creencia, que es una idea vivaz asociada a una impresión va a despertar la
pasión. La pasión en Hume es la doble asociación de ideas e impresiones. La
pasión entonces no la origina el cuerpo sino los atributos de los objetos: “La
odian mis ojos…” da cuenta que hay un objeto, es decir una mujer, un otro, que
es el que causa y origina estas pasiones superpuestas de odio, amor,
resentimiento.
A modo de conclusión y
terminando este viaje en el tiempo, tanto Descartes como Hume escribieron sobre
las pasiones, y le dedicaron a éstas reflexiones y razonamientos; uno
analítico-deductivo y el otro inductivo; uno destaca la necesidad de una moral
provisional y el otro una ética fundada en el sentimiento moral, uno
racionalista y el otro empirista y escéptico. Aún así no dudamos que las
Pasiones pueden ser pensadas y sentidas; sentidas y pensadas, y que
continuamente recorren los caminos de la mente y el cuerpo, de la razón y los
sentidos, suscitando todo tipo de sublimaciones artísticas. A las pasiones les debemos
los mejores versos, melodías, pinturas y tangos.
La Pasión es acaso aquello
inefable que Descartes se esforzó en racionalizar y Hume en estudiar y observar
un siglo después. La Pasión es para Charlo Amadori el odio y el amor que
transitan sus venas, la amargura que piensa, pero también experimenta, la
herida abierta y el rencor que queda… La Pasión encarnada en su duración.

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