LEO- FABIO Y LA RATA COME-QUESO por Ursula Marina- Acerca de un caso de doble significante

LEO- FABIO Y LA RATA COME-QUESO

El doble significante y el doble del significante
Lo caprichoso del discurso materno
El Nombre del Padre ¿fuera de guarida?
La rata Leo
Unnido

     Muchas veces creemos que lo sabemos todo. Contamos con el resguardo de ciertos estudios y leemos de determinada manera aquello evidente y consecuente en una situación particular. Yo quiero referirme aquí al todo que nos sabe o bien estructura del Otro en tanto que nos aloja de tal o cual manera. Pensemos en un nido. El nido puede considerarse como refugio, sostén. Ahora bien, consideremos una rata que busca constantemente su ¿nido? Más bien llamémoslo su guarida, su pozo, agujero en lo real. Y entonces si tenemos que hablar de ratas, hablaremos de un no-nido, léase también no unnido, sino de varios agujeros, porque comprobamos mediante la experiencia que son muchas las guaridas que construyen las ratas en su andar y quién sabe por ahí si no hay mil más que no nos resultan evidentes, pero que aunque no resulten evidentes, son habitadas por mil millones de ellas -las ratas-. Aún así, imaginamos una rata como un animal que escapa rápido a las afrentas de los otros seres que caminan erguidos en dos piernas- a saber nosotros los sujetos hablantes-.  Yo les quiero relatar algunas pesquisas acerca de un caso de un niño de 7 años, quien se presenta ante mí con una mirada gacha y estancada al piso y bajo el nombre de Leonardo, o ¿debería decir Fabio? La madre, que se encuentra a pocos metros de él,  lo presenta como Fabio, o como Leonardo Fabio en segunda instancia. Ya se  configura el primer conflicto a nivel significante. Por momentos Leonardo, por otros Fabio o ambos dos. Leo- Fabio me dice que no quiere dibujar, que no quiere hacer nada. Su cuerpo está aplomado y apoyado sobre una columna, continúa con la mirada fija al suelo. Andy, un niño de unos 10 años, de actitud ciertamente adulta en su carácter, se sienta enfrente y lo mira. Le digo a Leo-Fabio que si no le molesta yo me sentaré a su lado a dibujar. Así lo hago. Noto que levemente su cabeza se va moviendo hacia mi hoja. Le pregunto qué quiere dibujar.  Me dice que dibuje UNA flor. La dibujo y le pido que la pinte. Luego él mismo dibujará lo que él llamó UNA tarántula y UN edificio lleno de ventanas de puerta pequeña. Cuando le pido que se dibuje entrando al edificio, hace una mueca de asco y me dice que NO. Su lenguaje por momentos se oye algo perturbado, trastornado, pero al minuto siguiente habla clarito y sin vacilación. ¿Acaso quién habla ahí?
    La madre refiere a la psicóloga algo sobre el padre. Ella se presenta en palabras de mujer despechada –pensemos bien este término y si no podríamos reemplazarlo por destetada o desmamada ¿por qué no?-, abandonada por el marido al mes del nacimiento de Leonardo Fabio. Nacimiento deseado por lo que ella relata, buscado por los dos. La figura del dos se repite dos veces hasta aquí. Mientras tanto, Leo Fabio corre y se distrae fácilmente. La madre refiere de él como un niño hiperquinético, que se distrae fácilmente, es entonces nombrado desde el lugar de la dispersión, del no foco, lo no unnido.
   Le pedimos a Leo Fabio que dibuje nuevamente algo, aprovechando que hasta aquí ya nos hemos ganado su atención, una atención. Y hete aquí: Al margen superior de la hoja escribe sin dificultad el nombre ANDRÉS, refiriéndose al niño adulto, quien durante mucho tiempo se había sentado frente a él en espejo al momento del dibujo. Luego le pido que escriba su nombre. Escribe FABIO. Dibuja una rata negra comiendo un queso. Y una guarida pequeña, demasiado pequeña para una rata tan gorda, le menciono. La madre sonríe y dice que a Leo le gusta comer queso. Le preguntamos al niño cómo podemos nombrar a esa rata y él afirma: LEO. La rata LEO… LA- LEO o bien ¿laleo?.Sin embargo no importa aquí la condición de LA rata en tanto que es LEO, es decir ÉL. Lo que importa destacar es que la madre nos ha contado previamente que el padre se llama LEONARDO- le decían LEO- y que el niño ha comenzado a preguntar por su padre. Se juega la doble escapada del padre: En lo real, a saber la realidad misma de su desaparición, y en lo que se resbala del discurso materno, un intento de escapada en el registro simbólico de esa Otra: la Madre, pero quedando éste acotado bajo la sombra del despecho palabrero materno. Es más bien en el discurso materno que el padre dejó la guarida, el UN - nido, cuando el niño tenía un mes y es claro que el texto del dibujo algo nos cuenta sobre él como sujeto discursivo, doblemente nombrado. Recordemos: En el margen FABIO y debajo, nombrando a la rata, LEO. Deberemos pararnos entonces desde el doble significante a partir del cual él es confusadoblemente nombrado y no dispersarnos nosotros intentando comprender el porqué de su relativa y aparente hiperquinesia o de su lenguaje no muy claro a nuestros oídos. Todo eso es pura cháchara y/o charlatanería vacía, caminitos secundarios, vías alternas.
     Retomaremos en estos días trabajando en un direccionamiento de la rata hacia una carretera principal que encauce significantes por medio de UNO solo: El Nombre del Padre.  




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