ENTUSIASMO (por Nicolás Ravignani)
Un rostro se
configura ante el espectador. El plano se abre un poco, y es entonces contenido
por un espejo ovalado.
Ahora la mirada
contempla una pared completa, donde cuelga el espejo, que el rostro refleja.
Cuelga un cuadro que muestra un gato negro que observa con sus ojos bien
abiertos, con la espalda arqueada. Eso respecto al lado derecho del espejo. A
la izquierda del mismo, se balancea una mano humana, que se une a un brazo,
pero éste de orangután es. El rostro es ahora también un cuello, unos hombros,
y un pecho de delfín.
¡Ah, el rostro!
Nunca relatamos sobre él.
Este rostro
tiene un orificio con su respectiva oreja que se desprende de él. Brota de una
amplia frente, apenas cubierta por las invasiones de los capilos. A su lado, un
ojo de iris azul profundo. La pupila que se dilata y
contrae constantemente, es romboidal, e invita al contemplarla a hundirse en su
vasto abismo. De barbilla, nariz tiene. La boca se encuentra perpendicular al
piso, y está abajo del ojo. Unos hermosos labios cárnicos dibujan una sonrisa
encantadora, de ninfa hipnótica. El resto del rostro no tiene piel humana, es
de reptil, negra y vegetal, más tan sólo el cuero se ve.
Este rostro ES
EL ENTUSIASMO. El muy juguetón suele aparecerse fragmentado, se esconde tras
muchas historias diversas. Por alguna (seguramente) bella razón, gusta de
dibujar mundo entre cada una de sus partes para aparecerse. Se mezcla con otras
formas que sólo de excusa valen. ENTUSIASMO se cuela entre ellas, como fantasma
tras bambalinas, como sombra del árbol ante la Luna. Marca así el sentido de
todas.
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